lunes, 23 de abril de 2018

Los Crómlech de Eteneta, Urnieta

Seguimos trayendo al blog distintos megalitos, como llevamos haciendo, poco a poco, en estos 9 años que han transcurrido desde que se inició este blog. Hoy, como en nuestra penúltima ficha, traemos, de nuevo, un ejemplo norteño y también en forma de crómlech. En concreto, me estoy refiriendo al Crómlech de Eteneta, en el municipio guipuzcoano de Urnieta o, más bien, habría que decir a los crómlech, pues son dos y no uno en realidad. Al igual que en el caso del Crómlech de Orgambide, se componen de una serie de piedras configurando sendos círculos y un gran menhir o monolito. Continuando con la comparativa, los Crómlech de Eteneta tienen un diámetro menor que el de Orgambide, pues únicamente, el mayor de ellos, tiene 4,50 metros, no superando las piedras que lo componen el medio metro de altura, salvo el menhir del que hablamos, que supera los 2 metros de altura, que serían 3 metros, si contáramos el metro que mantiene enterrado.

Foto: pinterest.es

Los dos crómlech fueron descubiertos para la ciencia de la Historia en 1951 por Luis Peña Basurto, mientras que J. Altuna y K. Mariezkurrena hallaron en 1978 el menhir tendido en el suelo, el cual se encontraba cubierto de hierba y matorral.
El conjunto se encuentra bastante cerca de las cimas de los montes Adarra y Onyo, con lo que podría estar sacralizando todo el entorno en su conjunto, pues ya conocemos el gran contenido simbólico que guardan las montañas desde bien antiguo. En concreto el paraje es conocido como los rasos del Collado Eteneta, de ahí el nombre que ha recibido el propio crómlech.


domingo, 22 de abril de 2018

El Tributo de las Cien Doncellas, el rey Silo y la Iglesia de San Juan, Santianes-Pravia

Muchas leyendas medievales, que han llegado a nuestros días, más o menos deformadas, a través de lo recogido por cronistas de siglos posteriores y, sobre todo, a través de la tradición oral, realidad cultural mucho más rica desde un punto de vista antropológico, encuentran sus orígenes en tiempos bastante lejanos, anteriores al medioevo, como el ejemplo que hoy traemos.
En concreto se afirmaba que en tiempos de Silo, el rey asturiano que reinó entre los años 774 y 783, éste entregaba cien doncellas de su reino a los omeyas del Emirato de Córdoba como tributo para que los musulmanes no invadieran su territorio. Con posterioridad se cree que esto no es más que una leyenda, como bien explicó Juan García Atienza en su obra "La cara oculta de Felipe II", del que extraemos las líneas donde esto se dice, en las que explica que seguramente dicha leyenda, verdaderamente, encuentra sus raíces en antiguos cultos, de tiempos célticos, en los que jóvenes muchachas hacían ofrendas a las divinidades.

Iglesia de San Juan de Santianes - Foto: flickr.com

Fuente: La cara oculta de Felipe II - Juan García Atienza

Hace ya años, a fines del XIX, mientras se procedía a realizar obras de apuntalamiento y restauración en la iglesia de Santianes de la ciudad asturiana de Pravia, que fue sede de los primitivos reyes cristianos surgidos en el lejano norte peninsular tras la invasión musulmana, los que llevaban a cabo aquel trabajo pudieron comprobar la autenticidad de una tradición ampliamente difundida por la comarca y consignada por alguno de los escritores que describieron en el pasado el tesoro arquitectónico que encerraban las iglesias del llamado estilo prerrománico asturiano. Conforme se venía asegurando de fuentes populares, aquel viejo templo de Santianes, aunque muy transformado por el tiempo, había sido mandado construir en el siglo IX por el rey Silo, uno de aquellos monarcas, con Aurelio y Mauregato, a los que los cronistas de la Reconquista llamaron holgazanes por el simple hecho de haber reinado sin emprender campaña alguna contra los árabes invasores de la Península. Concretamente, a Silo se le reprochaba haber cedido a las prepotentes exigencias de los musulmanes y haberse convertido en el cobarde inductor del legendario Tributo de las Cien Doncellas, comprometiéndose y comprometiendo a sus sucesores a entregar anualmente al Califato de Córdoba cien muchachas vírgenes a cambio de mantener la paz en su territorio, siempre amenazado por las aceifas veraniegas del Islam. La realidad ha demostrado que aquel Silo fue más bien un monarca pacífico, que prefirió ocuparse de sus problemas internos y de su gente, antes que enzarzarse en guerras que sólo habrían contribuido a impedir que su pueblo viviera en paz. La historia ha venido a constatar, además, no sólo que aquel tributo no era más que una leyenda -profundamente simbólica, pero leyenda-, sino que su profunda incidencia en la tradición peninsular respondía a esquemas culturales y religiosos procedentes de tiempos muy anteriores al cristianismo y conservados en el inconsciente colectivo bajo la apariencia de un relato legendario con aspiraciones históricas. Sus orígenes podrían fijarse en tiempos oscuros en los que los ritos propiciatorios para invocar los favores fecundantes de la tierra pasaban por la entrega de ofrendas a la divinidad telúrica llevadas a cabo por muchachas púberes de la comunidad, que serían las encargadas de llevar los tributos al dios o, más probablemente, a la Diosa Madre de la tierra.


sábado, 14 de abril de 2018

El Crómlech de Orgambide

Leyendo sobre dólmenes, menhires, crómlechs y megalitos en general, en nuestra Península Ibérica, he conocido de un crómlech de los más bonitos que haya visto nunca, al menos en fotografía, pues aún no tuve la suerte de poder visitarlo, pero, si las circunstancias acompañan, espero hacerlo algún día. Hablo del Crómlech de Orgambide, en pleno Pirineo, entre Navarra y la frontera con Francia, en una zona en la que los megalitos abundan. Pero la ubicación exacta no he sido capaz, todavía, de localizarla, pues desconozco, incluso, identificar en qué municipio se encuentra, con lo que pido colaboración a cualquier lector que nos pueda dar luz sobre el asunto. El paraje, rodeado de montañas, tiene todo el aspecto de ser muy sugerente, como no podía ser de otra manera, pues ya sabemos que los enclaves en los que se situaban los megalitos no se elegían sin la existencia de una conexión telúrica o paisajística que reuniera ciertos condicionantes, como sería el caso.

El orificio y los grabados astrales en el Crómlech de Orgambide - Foto: pinterest.es


En un calvero, de un bosque, se halla este crómlech, del que he podido contar unos veintisiete menhires, de entre los que destaca uno de mayor tamaño, situado en la parte central del círculo del crómlech, con un orificio en su mitad superior y un par de grabados, que parecen representar símbolos astrales o, habría que decir, más bien solares, con lo que entendemos que podríamos estar ante lo que fue un santuario astronómico, pues en momentos determinados del día y del año, además, los rayos del Sol se introducen por este orificio, como se puede comprobar en la siguiente foto que aportamos.

Los rayos del Sol introduciéndose por el orificio del menhir en el Crómlech de Orgambide - Foto: pinterest.es

El Picu Castiellu y la Cueva de La Mora, Soberrón-Llanes

Gracias a un amigo del blog, Xabel Ron, hemos conocido la existencia de un nuevo ejemplo de lugar de "moras", que no son otra cosa, como tantas veces hemos comentado por estos lares, que antiguas divinidades que nada tienen que ver con personas -en este caso del género femenino- de origen magrebí, sino más bien con las xanas, las anjanas, las mouras o las encantadas o encantás; incluso hay quien dice que la diosa Mari, de la mitología vasca, como también comentamos en más de una ocasión, pudiera ser una divinidad similar o con un origen común a todas ellas.
Suelen habitar lagos, fuentes o cuevas, como es el caso de hoy, pues nos acercamos a una montaña, el Picu Castiellu (todo lo que lleve la palabra castillo, castillejo, castilviejo, castro, etc, suele esconder vestigios antiguos, antiguos cultos o antiguos antiguos mitos, como es el caso) en el que existe una cueva, que es la Cueva de La Mora, donde reside la divinidad a la que hacemos mención. En palabras del propio Xabel Ron, al que volvemos a agradecer el que nos haya dado a conocer este enclave, son señoras del tiempo atmosférico, receptoras de ofrendas, benefactoras a veces, pero vengativas en otros casos. Así se dice en Soberrón, población cercana al Picu Castiellu y a la Cueva de La Mora, en el concejo de Llanes, en relación a su poder atmosférico, que esta mora es panadera y cuando enciende el horno para hacer pan o torta, es cuando sale la niebla o se forman las nubes. 
Como fuente, traemos un pequeño fragmento de un texto de Cristobo de Milio Carrín, que siendo sencillo de entender para un castellanohablante, hemos preferido mantener, sin traducir, de la original lengua asturleonesa.

El Picu Castiellu - Foto: llanestotal.com

Fuente: Cristobo de Milio Carrín

En Picu Castiellu ta la Cueva la Mora, na que vive una Mora encantada que puede bendecite, si-y lleves "regalos" (ofrendes) o maldecite, y matate el ganáu.
La mora ye panadera, ya cuando prende el fornu, pa facer torta, ye cuando sal la niebla o les nubes. 


viernes, 13 de abril de 2018

La Capela do Senhor da Pedra, Miramar-Vila Nova de Gaia

Nos acercamos de nuevo a Portugal, a la freguesia de Miramar, en el concejo de Vila Nova de Gaia, siendo esta última una ciudad de gran población, la que se encuentra en el margen izquierdo de la desembocadura del Duero en el océano, justo en la orilla opuesta a la famosa ciudad de Oporto. En Miramar encontramos una curiosa capilla cristiana -La Capela do Senhor da Pedra- construida sobre una formación rocosa junto a la orilla del océano, en mitad de una playa, que llama en gran medida la atención, ya sea a persona conocedora de estos curiosos sincretismos que tanto nos gustan en este blog, o para cualquier otra, ajena a estas temáticas, por lo inusual de su localización. Rápidamente uno se percata de que si se ha elegido ese lugar, como enclave para construir un templo, tan expuesto a los vientos marinos, a las subidas y bajadas de las mareas, tan poco protegida..., es porque esa roca debe esconder algún secreto; secreto que ha sido desvelado por el texto, en lengua portuguesa, recogido en unos azulejos a la entrada, en los que se dice que este templo se construyó sobre lo que fue un antiguo altar pagano. Es algo totalmente excepcional, para nosotros, el encontrar una referencia a ese pasado sacro, anterior a la religión vigente, en un propio templo cristiano; tanto que nunca habíamos conocido un ejemplo igual, en dicho sentido, ni conocemos, tampoco, ningún otro a día de hoy.
Sobre las huellas existentes del pasado, es muy poca la información que hemos encontrado, más allá de la mención de un posible petroglifo en forma de herraje de caballo existente en el interior del templo (no sabemos a qué tipo de herraje se refiere) sobre el que se han generado distintas leyendas dentro de la mitología cristiana y que, según la fuente que aportamos, en la actualidad se siguen celebrando distintos cultos de tinte pagano, no sabemos si fruto de lo conocido como neopaganismo, o que hunden sus raíces en un lejano folklore, lo que lo haría mucho más interesante, evidentemente. Lo que sí conocemos es la existencia de una especie de romería al lugar celebrada todos los años, que podría provenir, como siempre decimos ante ejemplos similares, de la continuación de otras congregaciones y peregrinaciones al lugar mucho más antiguas.

La Capela do Senhor da Pedra rodeada de agua con marea alta - Foto: sobreportugal.com

Fuente: Andre Santiago

El interior de la capilla contiene tres altares además de un objeto único cuyos orígenes no se han podido establecer y una roca en forma de herraje de equino. Nadie se ha percatado de cómo pudo formarse esa marca, aunque se narran muchas historias explicando sus orígenes. Por ejemplo, algunos afirman que el burro de la Virgen María  dejó su huella sobre la roca, mientras que otros cuentan que fue el caballo de Sebastián I (rey portugués del siglo XVI) quien dejó su pisada en un día de niebla.
A pesar de la conversión del enclave a la fe cristiana, numerosas ceremonias secretas relacionadas con cultos paganos aún se producen allí durante las noches de luna llena. Se dice que se pueden encontrar con frecuencia velas derretidas olvidadas por quienes los practican sobre las piedras y arena al costado de la capilla.
Una celebración  menos secreta es el peregrinaje anual y el festival -con duración de tres días- para conmemorar el pasado ancestral del lugar. Este festival proviene de una tradición muy antigua y se celebra en mayo o junio durante el domingo de la Trinidad: primer domingo de Pentecostés del Calendario Litúrgico de la Cristiandad Occidental)  y dura hasta el siguiente martes. El último día se celebra una procesión desde el centro de la ciudad hasta la capilla protagonizada por mujeres que mantienen su identidad en secreto.

El mosaico de azulejos donde se dice que la capilla se encuentra sobre un antiguo altar pagano - Foto: ancient-origins.es
El municipio de vila Nova de Gaia marcado en rojo, sobre territorio portugués

sábado, 7 de abril de 2018

La Quema del Judas 2018, Tielmes

La pasada semana visitamos Tielmes virtualmente en este blog para hablar del Risco de Los Mártires, pero también nos acercamos presencialmente, dos días después, el pasado domingo, para conocer el festejo de La Quema del Judas, al que habíamos dedicado ficha, a la distancia, en octubre de 2015, a la que nos remitimos en cuanto a la explicación de los detalles de este ritual: http://iberiamagica.blogspot.com.es/2015/10/la-quema-del-judas-tielmes.html.
Únicamente, a modo de recordatorio, diremos que pese al barniz cristiano que existe alrededor de esta celebración, estamos claramente ante un festejo ancestral de origen pagano, de celebración de la primavera, de culto al árbol y de ritualidad alrededor del fuego, ese elemento simbólico que, igualmente, hace acto de aparición en tantas otras celebraciones de orígenes remotos, como la que nos ocupa. Fue emocionante poder vivir en in situ, por primera vez, este festejo, donde gran parte del pueblo, no sólo los mozos encargados de la confección del judas (los juderos), sino muchos otros vecinos de mayor edad se implicaron en el izado del Judas, terminando el festejo con la quema del mismo para dejar atrás lo malo y esperar lo bueno que ha de venir, en un cambio de ciclo, como es esta estación primaveral que acaba de comenzar. El mensaje de este año, que acompañó al judas, fue No al maltrato infantil, con la elección de un personaje relacionado con dicho mensaje que hizo de cabeza del judas. Acompañamos la ficha de un extenso montaje videográfico en el que pude registrar gran parte del festejo, además de unas cuantas fotografías que tomé del mismo.

 











Fotos: Iberia Mágica


Escudo de la localidad, donde se puede observar, en su mitad izquierda, La Quema del Judas.

viernes, 6 de abril de 2018

El solsticio invernal, el fuego y la madera sagrada

Hemos cruzado, hace más de dos semanas, la frontera en la que la noche y el día se equiparan. Desde ese momento, aún cercano, la luz ha tomado la delantera a la oscuridad, en esa eterna lucha de vaivenes, con lo que los cencerros y las mascaradas de meses pasados consiguieron su objetivo, y, así, poco a poco, hasta el próximo Solsticio, seguirá aumentando su ventaja. Pero ahora no nos acercamos al próximo Solsticio, sino al invernal que quedó atrás; y lo hacemos para dejar constancia de una serie de curiosos rituales que conocimos de la lectura del famoso libro de Fernando Sánchez Dragó, "Gargoris y Habidis", del que hemos extraído más de una anotación tiempo atrás, cosa que hoy también hacemos. 
El fuego, como elemento ritual que trata de dar siempre fuerza al Sol en sus ciclos estacionales, la madera o leña, como materia prima perteneciente al sagrado árbol y el periodo del Solsticio de Invierno, con la "muerte" de un sol y el "nacimiento" de otro, dan como resultado un ciclo de magia que impregna elementos como la propia madera, combustible del fuego sagrado y ritual -y del débil Sol invernal- que enriquecieron el rico acervo cultural y antropológico ibérico -y de otros tantos lugares del mundo-, siendo las siguientes líneas un claro ejemplo de ello.

La tronca de Navidad, típica de Aragón - Foto: plus.google.com

Fuente: Gargoris y Habidis. Fernando Sánchez Dragó.

En otra página de este libro llamé a las fiestas navideñas "olla podrida en la que se cocieron los partos de todos los héroes solares". Una fauna que entre nosotros, con la venia del padre Hércules, distó mucho de escasear. Y así, San Martín Dumiense, obispo de Braga en una centuria remota y bárbara cuyo ordinal ahora no recuerdo, menciona la inextirpable costumbre de quemar troncos por nochebuena, tildándola ni más ni menos que de abyecta paganía. ¿Exageraciones de prelado?. No lo creo. El tiempo se encargó de justificarlas, pues colea hoy el hermoso y nefando rito precisamente donde entonces coleaba. O sea: por doquier.
En las demarcaciones lucenses de Becerreá y Cervantes -sobra especificar el día- los campesinos no han renunciado por completo a la querencia de encender una bauza de feroz volumen, cuyo destino consistirá en crepitar con lumbre nueva cada amanecer, si es posible, de cuantos traiga el año. Y ese cepo tiene (o adquiere) virtudes mágicas: el paterfamilias conserva cuidadosamente sus últimas astillas y carbones para quemarlos o requemarlos con unción en caso de pedrisco, catástrofe y necesidad.
En Asturias, como en toda Galicia, acaso muchos sigan creyendo que la extinción del fuego en el llar acarrea malaventuranzas.
En Cantabria circula aún la especie de que "si se apaga el travesero / habrá enfermos en enero". La voz en cursiva vale por trashoguero o nochebueno, palabra esta última que sola se trasluce.
En Aragón arde el tronco de navidad hasta el día de inocentes y luego se desparraman sus cenizas por las zanjas de la sementera. Tampoco es costumbre que necesite de apostillas.
En Cataluña, o en algunos villorios catalanes, no ha mucho que los vecinos socarraban lentamente la madera del nochebueno hasta sonar la epifanía y después guardaban el muñón en cualquier sótano para que sirviera de tácito amuleto a los habitantes de la casa. Y aún más: a los doce meses, ese mismo tizón, otra vez en ascuas, transmitía su fuego rancio a la nueva tronca, convirtiéndose así en testigo y garante de la legitimidad navideña.
Quedan por las aldeas castellanas, levantinas y andaluzas no pocos vestigios de un trajín muy similar. 

sábado, 31 de marzo de 2018

¿Antiguos cultos en el Santuario de Castrotierra?. Castrotierra de la Valduerna-Riego de la Vega

Hoy queremos despedir el mes trayendo un ejemplo más de unión entre un antiguo poblamiento, ya desaparecido hace bastantes siglos, y una ermita o santuario cristiano como vigilante, indicador o recordatorio de que ahí existió un castro. A priori, en esta tipología de sobreposición histórica, no se da la continuación de cultos en un mismo enclave a lo largo de los siglos y milenios, a pesar de que en la actualidad exista un templo cristiano, pues no sabemos nada sobre la sacralidad del lugar con anterioridad, más allá de conocer que el presente templo se sitúa sobre un ámbito poblacional ya desaparecido y perteneciente a periodos históricos lejanos, con lo que, desde ese punto de vista, no tiene un aparente interés en cuanto al intento de localización de enclaves en los que se dio una sobreposición de cultos, ejemplos, estos últimos, de los que hemos dado buena cuenta, por aquí, con un buen número de casos a lo largo de los años de existencia de este blog. Todo esto, evidentemente, a primera vista, pues quizás, si se intenta ver un poco más allá, se acaben descubriendo algunos ejemplos en los que, además del poblamiento anterior, el santuario y el culto actuales quizás sí pudieran estar ocultando o indicando -según se quiera ver-, cultos anteriores. El ejemplo que hoy traemos podría ser uno de ellos.
Como se puede comprobar en el título de la ficha, hoy nos acercamos al Santuario de la Virgen de Castrotierra, en la población de Castrotierra de la Valduerna, pedanía del municipio de Riego de la Vega, en la comarca leonesa de Tierra de La Bañeza. Este santuario, construido sobre lo que fue un castro astur -nos encontramos no lejos de Astorga, la antigua Asturica capital de los astures-, celebra una romería, cada siete años (o cuando las adversidades como las sequías, como cuenta la leyenda cristiana, u otras hagan necesaria, en opinión de los fieles, de la intervención de la Virgen de Castrotierra) muy curiosa y una de las más importantes dentro del territorio leonés; una romería que hace sacar la Virgen desde el santuario para llevarla precisamente a la ciudad de Astorga, donde permanecerá, en su catedral, durante nueve días, tras los cuales será devuelta al Santuario de Castrotierra.
Según se dice, la primera noticia que se tiene de esta romería se remonta a 1557, o lo que es lo mismo, a fechas no muy lejanas. Quizás sea cierto que no vaya más allá esta romería del siglo XVI como apuntan las fuentes históricas (aunque la tradición oral remonta el suceso de la sequía que provocó la primera peregrinación al siglo V d. C.), pero también es muy posible que únicamente lo sea en su forma actual, puesto que el ritual de acercamiento a la antigua capital astur y población vertebradora de la comarca de La Maragatería y otras vecinas, como en la que nos encontramos, el antiguo enclave en el que el santuario se encuentra y la aglutinación, en el ritual, de distintos pueblos de la comarca, quizás no sean otra cosa que la forma actual de antiguos cultos o uniones tribales, incluso de trascendencia política, que pudieran ir mucho más allá en el tiempo.
Pero, como siempre decimos en estos casos nada claros, no son más que meras especulaciones del que esto escribe.

Santuario de Castrotierra - Foto: vivaleon.com

Fuente: La Virgen de Castrotierra: su historia, santuario y romería. Laureano Rubio Pérez.

Al Norte del pueblo de Valdornés de Castrotierra se alza un cerro pelado, de unos 900 m. de altura, que recibe el nombre de "Cuesta del Castro". A pesar de carecer de documentación histórica, podemos afirmar que en dicha cuesta se asentó un castro celta, aprovechado siglos más tarde por los romanos como refugio de la vía, que bordeándolo, se dirigía de Astúrica a Brácara y cruzaba el río Ornia (Duerna) a la altura de Villamontán.
Es obvio pensar que los romanos, que en el siglo II llegan a Valdornia, posterior Valduerna, en busca de metales preciosos, escojan las fortificaciones de este estratégico castro para vigilar las vías que canalizaban el oro hacia el campamento de Villalís desde donde sería enviado a la ciudad de Astúrica por la vía anteriormente citada.
Durante la Edad Media sigue teniendo vigencia este castro, sobre todo, ante las invasiones árabes que llegaron a la Valduerna. A lo largo de todas las obras y excavaciones realizadas en él se han hallado multitud de tumbas con distintos caracteres y formas, lo que demuestra su pertenencia a distintas épocas. Es significativo que hasta el año 1859 el cementerio de Castrotierra se encontraba dentro de la cerca del santuario.
[...] Hasta el siglo XVI de nuestra era carecemos de documentación histórica acerca del origen de la peregrinación de la Virgen de Castrotierra a la catedral de Astorga. Por su parte, la tradición nos remonta a pleno siglo V d. C. Sucede que, ante una gran sequía que afectó a la región durante siete años, los campesinos acuden a Sto. Toribio para pedir consejo. El Santo les manda buscar la imagen de la Virgen de Castrotierra, y una vez hallada, conducirla en procesión a la "catedral" de Astorga donde debían ofrecerle un novenario.

Escudo de Riego de la Vega, donde aparece lo que creemos es el Santuario de Castrotierra y los pendones que se portan, de las distintas poblaciones de la comarca, en la peregrinación o romería a Astorga.

viernes, 30 de marzo de 2018

Thermeda, los Santos Niños y el Risco de Los Mártires, Tielmes

A dos días de una de las celebraciones más importantes, no sólo de Tielmes, pueblo ribereño del Tajuña, sino quizás de toda la provincia madrileña a nivel folklórico y antropológico, como es La Quema del Judas, de la que, además, hablamos por aquí hace unos años, volvemos a esta población de la conocida como Alcarria madrileña o Alcarria de Alcalá para hablar de una leyenda local de cierto interés, no sólo desde un punto de vista antropológico, sino también histórico. Así es de creencia en el municipio, y así se recoge en la web del Ayuntamiento de este pueblo, tal y como aportamos en la segunda parte de esta ficha, que el topónimo de Tielmes deriva de la antigua Thermeda de los romanos, nombre de una de las ciudades carpetanas recogidas por Ptolomeo en su famosa lista. Hoy en día la comunidad científica identifica la Thermeda ptolomaica con la actual población alcarreña de Trillo, pero para los temblecos o tielmenses, pues ambos gentilicios son válidos, su población sigue siendo la antigua Thermeda, como los niños Justo y Pastor, mártires del cristianismo, que según muchos investigadores, como ya apuntamos por aquí en más de una ocasión, dicen ser la cristianización de Cástor y Pólux, nacieron en su pueblo y se refugiaron, antes de ser descubiertos, en el Risco de Los Mártires, a cuyos pies se construyó, mucho después, la actual Ermita de los Santos Niños de Tielmes, la cual se halla a dos kilómetros del pueblo, en la otra orilla del río Tajuña. Da igual que la oficialidad diga que fueron oriundos de la antigua Complutum -actual Alcalá de Henares-, pues para los habitantes de este pueblo tajuñero, si se me permite la expresión, los consideran paisanos suyos, como ocurre en tantos otros lugares con otros tantos personajes, ya sean históricos o mitológicos, como es el caso, o con distintos acontecimientos históricos. Para no ir muy lejos, ahí tenemos igualmente el ejemplo del muy cercano Risco de las Cuevas del vecino pueblo de Perales de Tajuña, en el que se creía se situaba la antigua Caraca y el famoso acontecimiento de Sertorio y los caracitanos, algo que ha sido descartado por la oficialidad de la ciencia, pero que en el lugar se sigue igualmente creyendo.

El Risco de Los Mártires - Foto: José Carlos Canalda

Fuente: tielmes.es

El nombre de Tielmes se cree que es una derivación del término Thermeda de origen romano, el cual se utilizó para denominar el lugar donde, según relata la tradición, nacieron y vivieron los hijos de San Vidal, Justo y Pastor, quienes fueron ajusticiados por los romanos en tiempos del pretor Daciano y del emperador Diocleciano en el siglo IV. Estos hermanos, contando con unos 6 y 9 años de edad, respectivamente, fueron decapitados por no renunciar a su fe cristiana contraviniendo el edicto promulgado en el año 303 por el emperador Maximiano. La fecha del ajusticiamiento es la del 6 de agosto del año 306, día que constituye, a partir de entonces, la festividad mayor de la población de Tielmes, que tiene como patronos mayores a los denominados por su martirio como Santos Niños Justo y Pastor.
Su principal lugar de culto, si dejamos a un lado la Iglesia Parroquial, es el Risco de los Mártires, lugar en el que según cuenta la tradición, pudieron refugiarse del acoso de las autoridades romanas, al pie del cual, se erigió una ermita (construida en la segunda mitad del siglo XVIII) para su advocación.

Ermita de los Santos Niños Justo y Pastor de Tielmes - Foto: José Carlos Canalda



Dos altares a Neptuno y un oráculo en la antigua Clunia, Peñalba de Castro-Huerta de Rey

Hoy volvemos a uno de los yacimientos celtíberos más importantes de los visitables en la actualidad y a lo que fue, igualmente, un poblamiento de cierta importancia entre los arévacos, la misma tribu oriunda de los muy importantes yacimientos de Numancia y Termancia. Hablamos de Clunia. En Clunia -Colonia Clunia Sulpicia para los romanos- se hallaron dos altares consagrados al dios Neptuno, el dios de los mares, a pesar de la lejanía de este punto con respecto al mar o al océano. En la ficha de hoy también queremos dejar constancia de una información que nos proporcionó Suetonio, quien afirmó que en este antiguo poblamiento existió un oráculo que predijo que de Hispania saldría quien gobernaría el mundo, algo que los partidarios de Galba entendieron como un indicio, que no se cumplió, en dicho caso, pero que se podría igual entender cumplido a través de los varios emperadores que hubo de origen hispano en lo que fue el imperio más importante de la Antigüedad en Occidente.

Teatro romano de Clunia - Foto: elcorreodeburgos.com


Fuente: Las Madres de Clunia - Joaquín L. Gómez-Pantoja Fernández-Salguero

Sin embargo, Clunia plantea al observador atento una serie de cuestiones que parecen incronguentes y que guardan relación con nuestro asunto. Por un lado, aparecieron en la ciudad dos altares consagrados a Neptuno y algunos bloques esculpidos con un tridente lo que, considerando la distancia al mar y lo yermo del lugar, no deja de resultar un hecho chocante. Salvo que aquí, como en toda la Céltica, Neptuno fuese considerado el numen praesens en cualquier manifestación acuática: se ha hecho notar que no fue sino la influencia griega la que identificó Neptuno con Poseidón entre los latinos, mientras que el recuerdo de la situación precedente perduró en Roma en los árboles de cañizo que se levantaban en las Neptunalias y en la creencia de que la compañera femenina del dios no era otra que Salacia, la divinidad de las fuentes.
El otro dato digno de consideración es el famoso texto de Suetonio en que se describe cómo se formuló en Clunia el oráculo según el cual "algún día saldrá de Hispania quien gobierne el mundo" y que los partidarios de Galba entendieron como un indicio del futuro destino de éste: "el sacerdote de Júpiter, advertido por un sueño, había retirado del santuario de Clunia la misma predicción expuesta en idénticos términos doscientos años antes por una niña que tenía el don de la profecía". De este texto se ha resaltado su importancia para Hispania en general, que ganó peso específico dentro del Imperio, y para Clunia en particular, porque se atribuye a Galba la concesión del estatuto colonial. Pero invirtiendo los términos de una ecuación con visos de verosimilitud, el testimonio de Suetonio permite suponer que en Clunia surgió en torno a un fenómeno hídrico -un manantial, una cueva, un pozo-, un santuario con funciones oraculares. Nótese, además, que el dato de que la profecía no era contemporánea sino vetusta de doscientos años y que el sacerdote de Júpiter fuera capaz de recuperarla, implica -además de la inevitable antigüedad del templo-, la existencia de un registro o memoria del pasado, quizá -es sólo suposición en un terreno de por sí hipotético-, similar a las tabulae apud pontificem maximum donde este sacerdote señalaba para la posteridad los digna memmoratu, entre los que ciertamente cabían los prodigios.


domingo, 25 de marzo de 2018

Los verracos, ¿hitos de la ancestral trashumancia?

Hemos hablado en más de una ocasión, en nuestro espacio, de esas muestras escultóricas tan características del pueblo vettón, como son los verracos, las esculturas zoomorfas prerromanas en granito que representan desde a cerdos, a jabalíes o a toros, principalmente. Igualmente hemos comentado que son muchas las hipótesis que se han planteado alrededor del posible significado simbólico de las misas: desde limitadores de terrenos o marcas de frontera, elementos protectores del ganado y otras, pero, hasta que no leímos las siguientes líneas que aportamos de la conocida obra Gargoris y Habidis, la cual ya hemos citado en alguna que otra ocasión por aquí, no supimos que existiera otra opinión según la cual se dice que pudieran estar señalizando vías, cañadas, cordeles o veredas de la trashumancia.
No tenemos base suficiente, puesto que no hemos estudiado a fondo su distribución, ni hemos trazado líneas imaginarias entre los verracos conocidos, (algo complicado, puesto que la mayoría han sido movidos de su lugar de origen, para pasar a formar parte del decorado de numerosas plazas de los pueblos), más allá de conocer la existencia de muchas de estas esculturas en gran parte de lo que fue territorio vettón y alrededores, pero, a bote pronto, no nos parece la hipótesis más sólida, a nuestro criterio, puesto que entendemos que éstos se distribuyen en un delimitado territorio, concretamente el ceñido al pueblo prerromano celta de los vettones, no existiendo en el resto de territorios peninsulares, hasta donde llegan, desde antaño, los caminos de la trashumancia, muestras de éstos, salvo algún que otro verraco desubicado, como el que comentamos, hace tiempo, de la ciudad de Braganza, en Portugal. Quizás se nos pueda decir que sólo los vettones habrían marcado con verracos a modo de hitos estos recorridos ganaderos, pero, como bien decimos, estas rutas eran mucho más extensas de lo ceñido al propio territorio donde estas esculturas se manifestaron, con lo que no compartimos del todo la asociación planteada; dicho lo cual nos ha parecido, igualmente, interesante traer esta curiosa hipótesis, puesto que la distribución de los verracos, que se puede apreciar en el mapa que aportamos al final de esta entrada, bien pudiera concordar, en parte, con esos recorridos.

Verracos en la plaza de Villanueva del Campillo (Ávila) - Foto: iberhistoria.es

Fuente: Gargoris y Habidis. Fernando Sánchez Dragó.

Hablo de Castilla en cuanto espacio histórico y no en su inmediata, evidente, mostrenca dimensión de geografía. Son individuos de carne y hueso -varones tangibles de Cantabria- los que en la oscura Edad Media se libran a un safari de taludes y rehoyos siguiendo la lógica ancestral de los mojones totémicos hincados por sus primates. Extrañas bestias de granito con perfil de esfinge devorado por el viento. Cerdos, musmones y toros. En una palabra: verracos, ese misterio de anteayer que el ayer clasificó azarosa y precipitadamente bajo la torpe etiqueta de Guisando. O mejor aún -y al fin- foramontanos, voz que está por imágenes de piedra anteriores a Roma y dispuestas al hilo de las rutas batidas en la trashumancia.



viernes, 23 de marzo de 2018

La unión del Huécar y el Júcar y el Santuario de la Virgen de La Luz, Cuenca

Existen simbiosis entre elementos cultuales y naturales que, seguramente, no sean fruto de la simple casualidad, como casi nada en este mundo. Una de esas combinaciones, si bien no parece demasiado abundante en ejemplos, aunque pudiera ser porque apenas se han estudiado, es la de la sacralización que se da en algunas uniones o juntas de distintos ríos entre sí. Ya conocimos, hace unos años, gracias al trabajo de nuestra historiadora favorita, que no es otra que Alicia María Canto, el ejemplo de sacralización que, a buen seguro, hubo en la unión, en Mérida, del río Albarregas y el Guadiana, del que es afluente el primero del segundo, unión o junta sacralizado a través de la figura de un dios llamado Revve Anabaraecus, que como podemos comprobar, en relación al teónimo de Ana-baraecus, es una combinación del origen de los dos hidrónimos (Anas: Guadiana; Baraecus: Albarregas). También se habla de la unión, en el Santuario de Covadonga, en Asturias, del pequeño río o arroyo, llamado Deva, en honor a la diosa celta acuática del mismo nombre, que nace en la Cueva y que baja hasta el cercano río Reinazo, pudiendo ser otro ejemplo similar, aunque aquí, el antiguo culto precristiano, más que a la unión hídrica, seguramente lo sea a la cueva en sí misma, como antiguo objeto, igualmente, de culto, aunque de nuevo nos encontraríamos ante una unión fluvial y un lugar de culto.

La junta del Huécar con el Júcar, con el barrio de San Antón en la otra orilla y la Iglesia de la Virgen de La Luz destacando entre el caserío - Foto: minube.com

Realizada esta introducción, nuestro ejemplo de hoy, como se se puede apreciar en el título, es para hablar de la sacralización, a través del Santuario de la Virgen de la Luz, una virgen negra (y ya sabemos todo lo que se ha hablado sobre el gran simbolismo que encierran estas vírgenes, según muchos autores -otros sin embargo no le prestan demasiada atención a este aspecto, existiendo discrepancias-) y la unión de los dos ríos que bordean los profundos barrancos de una tan bella ciudad suspendida en el aire, como es Cuenca. Éstos son el Huécar, que es el río que bordea el casco histórico de Cuenca por donde se hallan el famoso puente de San Pablo y las famosas Casas Colgadas, en el oriente de la ciudad, y el otro es uno de los ríos emblemáticos peninsulares, que viene a entregar sus aguas al mar, allá por tierras valencianas -en Cullera, para ser más exactos-, como es el río Júcar. El paraje, en sí mismo, donde se unen ambos ríos, ya de por sí, sin introducirse en estas especulaciones, llama la atención. Hay gran frondosidad, en forma de abundantes arboledas, viniendo a dibujar el Júcar una bella hoz con la antigua ciudad asomándose al precipicio y sobre todo destacando, igualmente, la atención la ubicación del santuario, alrededor del cual se creó el Barrio de San Antón, encajonado en un cerro rocoso, lo que le otorga gran telurismo al paraje, con lo que si se tienen los sentidos despiertos y se es amante de estas temáticas, no es demasiado complicado darse cuenta de todo este cocktail de ingredientes encontrados.
Entendemos que la sacralización del lugar, con la iglesia en cuestión y con el simbolismo que encierran los lugares que hacen referencia a la Luz, atributo igualmente identificado con otras divinidades -santas en este caso- de la mitología cristiana, como es Santa Lucía, que algunos autores identifican con la diosa Diana, nos hacen creer que el lugar ya pudo ser sagrado con anterioridad, aunque, como afirmamos en fichas anteriores no basadas en estudios ajenos, es todo mera especulación por parte del autor de este humilde espacio. Queda abierto el debate y, al menos, que estas líneas sirvan para despertar el interés por este enclave a personas que visiten la ciudad por primera vez, pues no se encuentra entre los primeros lugares de la ciudad señalados en las guías más comunes que se pueden utilizar para realizar la visita a esta ciudad única, que dice uno de sus lemas más recientes.


domingo, 18 de marzo de 2018

Las Candelas, Caminomorisco

No nos cansamos de hablar de enclaves, vestigios, tradiciones, rituales y festejos de la comarca hurdana. En varias ocasiones hemos traído el concejo de Caminomorisco al blog, pero, hasta ahora, aún no habíamos hablado del festejo de Las Candelas, celebrada en la población que es cabeza del concejo y que, por tal motivo, lleva su nombre; aunque hemos de decir que nunca hubo una población con tal nombre en dicho concejo hurdano, pues la población a la que hoy en día se la conoce como Caminomorisco, siempre fue conocida como Las Calabazas.
El nombre de la fiesta, además de darnos una pista sobre la presencia del simbólico elemento del fuego, tan presente en muchos festejos invernales -y no invernales-, al que se lanza, además, un pelele para que sea pasto de sus llamas, nos recuerda que el origen se encuentra en la celebración de la Virgen de la Candelaria, el 2 de febrero, siendo, junto a San Blas y otras celebraciones cristianas cercanas a este momento de mitad de invierno, una cristianización, como tantas veces hemos dicho por aquí, de antiguas tradiciones, como el antiguo Imbolc céltico, encontrándonos en uno de los momentos más importantes del año, en cuanto al gran número de celebraciones que se suelen celebrar en esas semanas, que ya quedaron atrás hace poco más de mes y medio. En la actualidad Las Candelas de Caminomorisco o de Las Calabazas no se celebran el 2 de febrero, sino el domingo más cercano, pudiendo coincidir en alguna ocasión con el 2 de febrero, pero, evidentemente, no ocurre así en la mayoría de las ocasiones.
En cuanto al simbolismo del festejo, preferimos que sea el gran cronista y estudioso de la comarca hurdana en la actualidad, Félix Barroso Gutiérrez, quien nos describa los ricos significados simbólicos que encierran esta celebración. Extraemos, para ello, unas líneas de un artículo escrito por él en 2015.

Foto: Vicente Martín Martín

Fuente: Félix Barroso Gutiérrez

Desde hace varios siglos, el pueblo de Las Calabazas, hoy Caminomorisco, celebraba gran fiesta en honor de Las Candelas o de La Candelaria. Hasta topónimos hay en sus términos que hacen mención a tal nombre, como el paraje de “Candelariu” y la garganta de “Arrocandelariu”.  Sabido es que estas fiestas se celebran el día 2 de febrero. Pero los “calabacéñuh” o “morihquéñuh” la vienen trasladando, en estos últimos años, a uno u otro de los dos domingos que la flanquean.
[...] Cuando ya el día guiña el ojo, se procederá a la quema del “Candelu”, una especie de pelele que se retorcerá entre las llamas de la gran hoguera que se levanta para la ocasión. Hoguera cuya simbología se pierde, tal vez, entre esas viejas mitologías del ciclo invernal que intentan, a través de la gran fogata, insuflar fuerzas al sol para que no desaparezca entre las brumas del invierno. A la par, se arroja el pelele en el fuego, respondiendo a lo que algunos consideran como símbolo de los fríos y los males de la estación invernal, el cual debe abrasarse para que huyan las nieblas y vuelva el sol con nuevas energías, anunciando una risueña primavera y, así, se restablezca el orden cósmico.
Esta fiesta de Las Candelas, que tuvo mayor tronío en el pasado, puede que arranque de las Lupercales romanas, que se celebraban en honor del dios Lupercus,  relacionado con la fertilidad y los rebaños, el día 15 de febrero (“ante diem Kalendas Martias”). Durante ella, una alborotada procesión de gente con candelas en las manos pedía a voces y con cánticos la protección contra los males, las sombras del invierno y la muerte. Portaban pieles de lobos y de otros animales, cornamentas de machos cabríos e iban tocando cencerros. Eran festejos transgresores, donde se respiraba un gran ambiente libertino. El Papa Gelasio I las prohibió y condenó en el año 494. Pero no logró erradicarlas, como se desprende de los posos que han quedado en muchos ritos precarnavalescos y otros de los mismos días de los antruejos, como es el caso del “Carnaval Jurdanu”.
También tienen que ver muchos los rituales de Las Candelas con la fiesta céltica del Imbolc, en honor de la diosa Brigantia (“La Muy Luminosa”), cuando se celebraba la Fiesta del Fuego. Brigantia se relaciona con Brígida, y no hay que olvidar que la efemérides de Santa Brígida se conmemora el día 1º de febrero, víspera de Las Candelas. Todo ello, Lupercales e Imbolc, sumado a otras creencias anteriores que existían en las comunidades pastoriles (caso de Las Hurdes), conformaron gran parte de la mitología y rituales del ciclo de invierno que hoy perviven en zonas de gran sociocentrismo y arcaísmo y que es preciso conservar y fortalecer como patrimonio cultural dejado en herencia por los antepasados. 


martes, 13 de marzo de 2018

La brujería y el Amboto

Hoy haremos una breve ficha; una mera referencia a una reciente lectura, pero no por ello de poco interés. Y esto es así porque supone un ejemplo más de lugar ancestral, donde los cultos, en sus muy distintas formas, perduraron a lo largo de los siglos. Hablamos del Amboto, antigua montaña sagrada vasca -vizcaína en su mayor parte, pero también alavesa- que ya trajimos al blog como una de las moradas que constituía de la diosa Mari, uno de los personajes más importantes dentro de la mitología vasca. Desde este punto de vista no me ha resultado extraño encontrar la siguiente referencia que traemos de una obra de Juan García Atienza, pues es bien sabido que muchos de estos antiguos lugares de culto, en siglos más cercanos, eran lugares calificados de brujas y en los que se decía se practicaban aquelarres, que no eran otra cosa, con las deformaciones o distintas aportaciones que los siglos fueron trayendo, que antiguos cultos que se seguían practicando en secreto o casi secreto, ante la sombra alargada de la religión católica imperante.

El Amboto - Foto: pinterest.es

Fuente: "La cara oculta de Felipe II." - Juan García Atienza

Por su parte, la brujería y la hechicería, que nunca dejaron de estar presentes entre las prácticas supersticiosas hispanas, experimentaron un auge súbito en los últimos tiempos de la Edad Media y los inicios de la moderna con los aquelarres de la sierra de Amboto y comenzaron a propagarse peligrosamente para la buena marcha de la fe popular a finales del siglo XV y todo el siglo XVI.

lunes, 12 de marzo de 2018

La Encamisá, Torrejoncillo

Continuamos en la estación invernal, aunque ya estamos muy cerca de esa línea que nos separa de la cercana Primavera, o, para ser más exactos, a nueve días del equinoccio primaveral en el hemisferio norte terrestre, que es donde nos encontramos. De este modo, todavía no está fuera de lugar traer festejos invernales, aunque sea una fiesta que se celebró en la lejana fecha del 7 de diciembre, en la víspera de la celebración de la Purísima o Inmaculada Concepción, un festejo católico que cristianiza muchas fiestas invernales ancestrales como ya conocemos por estos lares virtuales de la Iberia Mágica. Hablamos del festejo de La Encamisá, en la población extremeña de Torrejoncillo, en la comarca del Valle del Alagón.
Como ocurre con muchos de estos festejos, existen numerosas teorías y estudios sobre su posible origen. Algunos hacen referencia a sucesos históricos de los últimos siglos, en este caso concreto relacionado con lo bélico y en otros, remontando su origen a los tiempos ancestrales, que son los que a nosotros nos suelen interesar en mayor medida, no porque por la temática del blog queramos tomar partido por ellos, sino porque, verdaderamente, creemos que estos festejos, tan relacionados con momentos concretos del año, están más relacionados con los ciclos de la Naturaleza y, por tanto, hunden sus raíces en tiempos mucho más antiguos para la Humanidad de lo que podamos creer en un inicio, a pesar de que su forma externa actual parezca indicar otra cosa. Evidentemente somos conscientes de que no será aplicable a la totalidad de los casos, pero sí a un buen número de ellos y, como nos indica el investigador José María Domínguez Moreno, también se podría extrapolar al caso de La Encamisá. Domínguez Moreno incluso cree encontrar su origen en los tiempos prerromanos, como una reminiscencia del culto a la diosa Ataecina, tan documentada en esta zona peninsular.
Como ocurre con la mayoría de los festejos invernales -y no sólo invernales- el fuego ocupa un papel predominante, lleno de claro simbolismo purificador, en La Encamisá de Torrejoncillo.

Foto: diario16.com

Fuente: turismoextremadura.com

Cada año, en la víspera de la Inmaculada Concepción, cientos de torrejoncillanos se echan a la calle para celebrar la encamisá, una fiesta popular de esta localidad que está considerada Fiesta de Interés Turística de Extremadura.
A las 10 de la noche del 7 de diciembre, se abre la puerta de la Iglesia Parroquial de San Andrés, de la que sale un estandarte de color celeste con la imagen de la Inmaculada Concepción bordada. A la vez, un grupo de personas cubren de humo y olor a pólvora las inmediaciones de la Plaza Mayor al disparar sus escopetas, lanzando salvas en honor a la Virgen. Cuando se hace entrega del estandarte al mayordomo, que monta un caballo vistosamente atalajado para la ocasión y que va acompañado a los lados por otros dos jinetes, otros varios cientos de jinetes, que le siguen por detrás, lo vitorean y aclaman desde lo más profundo de su alma.
Todos los jinetes van ataviados con sábanas blancas engalanadas con hermosas puntillas, y solo en algunos casos por estrellas, sobre el rostro. Y así transcurre la procesión, entre una nube de pólvora infinita que recorre las empinadas calles del pueblo. Calles en las que esperan los visitantes alrededor de joritañas encendidas para no pasar frío y en las que los más pequeños de la casa queman sus jachas, o lo que es lo mismo, haces de gamonita que sus padres y abuelos les han preprado con ilusión.
Dos horas y media después, el estandarte vuelve a su iglesia entre vítores de fe de los asistentes y los mayordomos invitan a todos los participantes a que se acerquen a degustar los coquillos y a probar ricos caldos de tomate típicos de la zona.
Hay quien dice que esta fiesta procede de los romanos, mientras otros defienden que es tradición moruna al cien por cien. Pero lo cierto es que nadie sabe de dónde viene la tradición de la encamisá a ciencia cierta. La teoría que más fuerza ha cobrado entre las gentes de Torrejoncillo es la que sostiene que pueda deberse a una reminiscencia bélica de la batalla de Pavía. Cuenta la leyenda que durante la campaña, el capitán ávalos, torrejoncillano, escondió a sus hombres bajo sábanas en la nieve. Con este rudimentario camuflaje los españoles lograron ganar la batalla. Al volver al pueblo y contar lo sucedido, comenzó a representarse la hazaña, que tomó aires marianos al conocerse que la Inmaculada había ayudado a los hombres de ávalos a vencer.


 
Tweets por @IberiaMagica